Hace 8 años me diagnosticaron con parkinson y mi vida cambió para siempre.
Todo comenzó con un movimiento involuntario en la mano izquierda… y desde entonces, decidí no esconderme.
Hice un experimento: salí a la calle, a saludar, a mirar a los ojos, a conversar con desconocidos.
Y descubrí algo triste pero real: muchas personas como yo se sienten invisibles.
Están ahí, en sus casas, muchas veces sin apoyo, sin voz, sin compañía, extinguiendo sus vidas lentamente.
Por eso escribí este libro:
Porque necesitamos ser vistos, escuchados, reconocidos.
Vivir con esta condición no es el fin, es otra forma de caminar por la vida.
Por mí y por ustedes, continuaré compartiendo mi historia mientras pueda...